Claude: Libro II
Libro II
Recuerdo que los primeros cinco meses nos escribíamos casi a diario, pero nunca más me volvió a mencionar sobre Maria Fernanda ni su ruptura. Tanto que llegue a pensar que lo había superado. Craso error. Fue por un amigo en común, que a los dieciocho meses de haber partido de Perú, me contó que Maria Fernanda había vuelto con Claude al sexto mes de mi partida, pero esta vez no era para retomar lo que había dejado, era para comprometerse con ella y empezar una vida de pareja, de casadas.
- Ahora entiendo porque ya no me escribe.
- Qué dijiste?
- Disculpa German, estaba pensando en voz alta.
- Qué raro que no te haya contado nada, ya van a cumplir un año viviendo juntas, y el depa que tienen es muy lindo, diría que casi se parece al tuyo. Hasta tiene unos jueguitos medios raros en su mesita de centro, que nunca termino de armar
- No me digas?. Y Claude nunca me comento si quiera que Maria Fernanda apareció en su vida otra vez.
- Suenas molesta…más bien celosa diría yo.
- Jajaja, cállate y no hables babosadas, Claude es mi amiga, y la quiero como tal, por eso me preocupo por ella, y me molesta que no me haya contado nada.
- Bueno, de repente quieras llamarla, te dejo su fono, apunta… 3327689. Y no te olvides de anteponer el código del país.
- Ok, gracias, pero ahora tengo que colgar, tengo una reunión y se me ha hecho tarde, cuidate, y saluda de mi parte a Claude, ciao. Alcance a coger el abrigo verde que Cla –como tanto me gustaba llamar a Claude- me había regalado para mi cumpleaños, cuando Alexandra toco el timbre de mi nuevo departamento para ir a la reunión que teníamos con unos amigos de su trabajo. Ella había estudiado Literatura en la universidad de Bremen, y ahora se dedicaba a escribir para una revista de cultura, la segunda más importante de Alemania.
- Vamos Tami, apúrate sino nos vamos a perder el brindis.
- Lo siento –me dio un beso en los labios y subimos al auto que había comprado al octavo mes de llegar- tuve una llamada de lima.
- Seguro tu amiguita Claudia.
- No se llama Claudia, se llama Claude, y no, no era ella, era un amigo, German.
- Aja, Claude. Vi como su mirada se fijaba en el espejo lateral derecho, como si quisiera divisar algo que apaciguara la tensión del momento.
- Lo siento amor, no quise ser tan dura.
- Esta bien. Pero apúrate que vamos tarde.
Alexandra era mi nueva pareja, y podría decir que nos iba bien, aunque no viviéramos en el mismo departamento, como Claude con Maria Fernanda, pero tratábamos de estar juntas cada vez que podíamos. Llegamos a la casa de Pier 5 minutos después de la hora pactada, y fuimos las últimas en llegar. Cada uno había armado su grupo y jalado todo el licor que les fuera posible. Alexandra diviso a Pier entre 6 de sus amigos y nos unimos al círculo. En ese tipo de reuniones la gente no solía bailar, solo se dedicaban a tomar, fumar y conversar de literatura, cosa que me agradaba y a la cual ya me había acostumbrado. Tomamos miles de litros de cerveza entre los 8 que éramos en ese círculo, sin contar el licor que los mozos pasaban y paseaban por toda la casa. Como era yo quien iba a manejar decidí tomar solo cerveza, y cuando iba al baño tomaba abundante agua, para no marearme. Eran las tres de la mañana y de los cincuenta invitados que habían en casa de Pier solo quedábamos 6, así que decidí llevarme a Alexandra a mi depa aprovechando que se había quedado dormida de tanto tomar.
- Tami, no puedo dejar que te vayas así, además Ale está recontra ebria. Mejor… porque no te tomas este pequeño vaso de whisky conmigo, y tu y Ale se quedan a dormir en el cuarto de mi hermana, aprovechando que está de viaje. Vamos, dormirán las dos solas –y me guiño un ojo-.
- Salud.
- Salud.
Pier me ayudo a subir a Ale, después yo me encargue de acomodarla en la cama y desvestirla porque no teníamos ropa de dormir. Me encantaba la firmeza de sus senos, y el color tan crudo de su piel, su suavidad, su pequeños lunares, sus pequitas… y sus ojos… tan parecidos a los de Claude.
- Me encanta cuando haces eso, sigue amor, sigue…
Fueron las únicas palabras que escuche antes de sus gemidos, mientras besaba sus partes más íntimas y excitantes. Tuve el orgasmo más intenso comparado con los que tuve durante el tiempo que duro mi relación con ella, pero fue porque mientras la acariciaba pensaba en Claude. Al medio día bajamos a la cocina, donde Pier nos esperaba con una cara de haber dormido poco a causa de la borrachera del día anterior, y un gran desayuno, del cual lamentablemente solo pude probar una taza de té.
- Y qué tal durmieron ayer niñas?
- Bien, gracias por el cuarto.
Entre risas y abrazos Ale besaba a Pier, como dos cómplices de alguna palomillada que habían planeado con anticipación y que tuvo buenos resultados. Decidimos sentarnos y charlar un poco sobre la cantidad de invitados que asistieron a la casa de Pier, –es que 30 años no se cumplen tan fácilmente me querida Tami-, y la cantidad industrial de licor que corría por nuestras venas. Pero eso no me hacía olvidar lo sucedido la noche anterior, cuando Ale y yo subimos al cuarto. Y ahí estaba Ale, frente a mi, sonriéndome tiernamente, como quien agradece un favor, o casi un deseo difícil de cumplir.
Eran las dos de la tarde cuando me dispuse a llevar a Ale directo a su casa, con una gran pena y sentimiento de culpa, porque quizá el resultado de su alegría y fascinación hacía mí se debía a Claude… y a la gran llamada de German.
- Mañana vienes por mi amor, para almorzar juntas, si?
- Claro, estaré por aquí a las 3pm.
Entre al edificio donde vivía hace año y medio, en el departamento 603. Era amplio para una sola persona, y la pensión que pagaba mensualmente era cómoda, para el tamaño y la ubicación que tenía. Creo que no hubiera podido conseguir nada mejor que lo que tenía. Además sus grandes ventanas mantenían la mayor parte del día el interior de mi depa bien iluminado.
Deje las llaves de la puerta sobre la mesita de centro, y guarde las del auto en el bolsillo de mi saco. Tenía mucha sed, como era de esperarse después de una gran juerga, así que antes de dirigirme a la cocina por un vaso de agua con gas, entre a mi cuarto para dejar mi saco sobre mi cama, cuando note el papel que había dejado en el espejo el día anterior, y de pronto tuve la sensación y el deseo de querer saber de ella, de volver a escuchar su voz, aunque sea un momento. Cogí el pos-it y temblorosamente el teléfono, indecisa de marcar, no sabía muy bien que le iba decir, por qué motivo la llamaba?, cómo es que conseguí su número? Y lo más importante, cómo llegaríamos al tema de su nueva vida con Maria Fernanda de por medio. Quise inventar un dialogo corto y fácil de memorizar, algo que tampoco la fuera a incomodar, pero no resulto, solo atine a marcar los números que German me había dictado, con la esperanza de que Claude se alegrara por mi llamada y...
Deje las llaves de la puerta sobre la mesita de centro, y guarde las del auto en el bolsillo de mi saco. Tenía mucha sed, como era de esperarse después de una gran juerga, así que antes de dirigirme a la cocina por un vaso de agua con gas, entre a mi cuarto para dejar mi saco sobre mi cama, cuando note el papel que había dejado en el espejo el día anterior, y de pronto tuve la sensación y el deseo de querer saber de ella, de volver a escuchar su voz, aunque sea un momento. Cogí el pos-it y temblorosamente el teléfono, indecisa de marcar, no sabía muy bien que le iba decir, por qué motivo la llamaba?, cómo es que conseguí su número? Y lo más importante, cómo llegaríamos al tema de su nueva vida con Maria Fernanda de por medio. Quise inventar un dialogo corto y fácil de memorizar, algo que tampoco la fuera a incomodar, pero no resulto, solo atine a marcar los números que German me había dictado, con la esperanza de que Claude se alegrara por mi llamada y...
- Alo? - …..
- Alo? - Con Claude por favor? – Sabía que no era su voz, por lo que dude en un instante y mis ganas de colgar se hacían más intensas y me arrepentía por haber marcado su número. Pero ni modo, ya era muy tarde, si su teléfono tenía identificador así que iba a saber de todas formas que fui yo quien llamo. - Un momento… amor, tienes una llamada, pero no parece ser de aquí.
- Alo?
- Claude?
- Tami?
- Si… Cla…
- Tami, que alegría escucharte, hace tiempo que no se nada de ti, pensé que te habías olvidado de los viejos amigos. Cómo estas? Que ha sido de tu vida? Cómo es que tienes mi número? Así era ella, tan espontánea, tan llena de preguntas y aturdida, pero siempre con una sonrisa de por medio.
- Bien bien, todo bien, gracias. German me llamo hace dos días, creo, hablamos un buen rato y le pregunte si sabía algo de ti porque no tenía noticias tuyas desde hace un año… creo que fue cuando te conté en un mail que había conocido a alguien, y nunca más respondiste. Hubo un silencio un poco incomodo entre las dos, pero así fue como sucedió todo. No llamaba para reprocharle nada, así que cambie de tema.
- … como te decía, le dije a German que no sabía nada de ti, y que me gustaría algún día poder hablar contigo, y me dio tu número.
- Me alegro que te haya llamado.
No había cambiado mucho, seguía siendo la misma persona fuerte y reservada que había conocido hace 5 años atrás, aunque a veces dejaba notar su voz entrecortada, media nostálgica, como si algo oprimiera su pecho y golpeara su garganta. Me contó lo bien que le iba en su trabajo, le habían aumentado el sueldo, y claro de posición también. Tenía el auto que siempre quiso, una cuatro por cuatro -color plateada Tami, no sabes la belleza que es- pero no solo tenía eso, me contó que había comprado un departamento en san isidro, muy bonito y espacioso, -se parece un poco al que tenías aquí en Lima Tami, es muy parecido, y bonito, quizá cuando vengas de paseo te agrade quedarte un par de días por aquí-. Creo que no quería contarme nada más, no se si por respeto a mi y al beso que me dio de despedida antes de partir a alemania, o porque le daba vergüenza acordarse de que había llorado y sufrido frente a mi por la mujer que ahora dormía todas las noches en su cama, ocupando el lugar que quizá podría estar ocupando yo en estos momentos de no haber realizado este maldito viaje.
- Y tu que me cuentas? Como te va en tu trabajo allá? Ya hablas perfectamente el alemán… a ver si me enseñas un poco y me ayudas a practicar porque me acabo de inscribir en el Goethe Tami, solo por si te olvidas del español, jaja.
- Claude… -fue tan fría la manera en que pronuncié su nombre que se dio cuenta del motivo por el que la había llamado, y dejo de reírse.
- Dime Tami. –era su forma tan especial de decirme Tami, que hacía estremecer mi corazón.
- Claude, te llame…te llame porque German me contó que te mudaste a un depa, que ahora ya no vives sola, y…
- Si, volvimos.
- Por qué no me contaste nada? Fue por eso que dejaste de escribirme?.
- Pensé que me juzgarías y me echarías en cara todo lo que te había contado sobre ella… sentí miedo.
- Pero…
- No puedo seguir hablando, tengo que salir, pero me agrado mucho que me llamaras, te prometo que a partir de mañana seguirás recibiendo mis mails… como antes.
- Me lo prometes?
- Si, como antes. Ah, y no dejes de llamar, creo que será mejor oír tu voz que leer un par de líneas.
- Pero es la magia de la tecnología.
- Jajaja, sí, pero me agradó escuchar tu voz. A ver si me mandas tu número para yo también llamarte.
- Cuidate… prométeme que lo harás.
- Te lo prometo… un beso. Adiós.
Y así fue como Claude y yo nos volvimos a despedir de una manera tan fugaz y dolorosa. Al menos lo era para mí. Pasaron tres semanas y aun no recibía noticias suyas, ni un mail, nada, así que resignada volví a ser yo quien la buscara de nuevo. Le mande un correo con mi número y la dirección de mi apartamento –por si alguna vez decides venir de vacaciones, o de sorpresa-, pero no sirvió de nada.
Era diciembre y las vacaciones se acercaban, Alexandra y yo habíamos planeado viajar durante un mes por toda Europa, bueno, por gran parte de ella, y los lugares los había elegido estratégicamente ella, con su toque romántico y literario. Por eso me encantaba. Visitamos España, Italia, Suiza, Portugal y…llegamos a Finlandia, pero llegamos para no volver más. Una noche, mientras besaba y acariciaba su cuerpo se me escapo el nombre de Claude, y fue tan fuerte el golpe de sus manos que sentí a causa de ello, que me trajo a la realidad y saber que lo había arruinado todo. Al día siguiente regresamos a Alemania, fuimos directo a mi apartamento y por más disculpas, con lágrimas incluidas, que le pedía a Ale, ella no me dirigía la palabra, parecía que con el simple hecho de haber pronunciado el nombre de Claude se había quedado sorda.
Y estábamos ahí, frente a lo que era mi nuevo hogar, Ale solo subió a buscar un par de cosas que había dejado antes de partir a nuestro viaje de vacaciones y salió sin decir nada, no se despidió ni me hizo reproche alguno. Creo que eso me dolió más que cualquier insulto o palabra hiriente que me hubiera podido decir… y que realmente quería que me diga. No espere que me dejara de ese modo. Ni si quiera pude llevarla a su casa.
Y estábamos ahí, frente a lo que era mi nuevo hogar, Ale solo subió a buscar un par de cosas que había dejado antes de partir a nuestro viaje de vacaciones y salió sin decir nada, no se despidió ni me hizo reproche alguno. Creo que eso me dolió más que cualquier insulto o palabra hiriente que me hubiera podido decir… y que realmente quería que me diga. No espere que me dejara de ese modo. Ni si quiera pude llevarla a su casa.
